Pues así era la vida en esa taberna. Un desaliñado sinfín de actitudes caóticas atormentaba la paz de los desafortunados habitantes cuyos pequeños hogares compartían calle con ese antro. –La La Ohhh LaLá!, Puede este mesero estar! En esa condición fatal, típica de este lugaaaaaar! HEY!-, -Bebe !Bebe !Bebe Ahhhh!!!!-
Los gritos llegaban a sus oídos como pequeños puñales. Unos minutos antes había logrado dormirse(O quizás habían sido mas) pero en el instante en que su cuerpo se paralizó y su cerebro tomó el control, el instante donde el límite entre lo real y lo onírico solo era un zumbido irreconocible de palabras; – Pooor los caminos de tieeerra! Te seguiré a la gueeerra!- Los cánticos habían comenzado y esa vuelta brusca a la realidad le había dejado aturdido y le había arrancado su sueño reemplazándolo por un sentimiento de frustración. Ahora solo yacía boca arriba admirando el techo mientras que en su cabeza se resolvía la pregunta que se había formulado ese mismo día; ¿Una habitación a ese precio? Con esa vista?. Cuando eligió esa posada entre las 5 que existían en esa cuidad no lo hizo pensando estratégicamente ni en ninguna otra cosa mas que el dinero. Se dispuso a levantarse y de un salto salió de la cama.
El aroma del lugar era un tanto peculiar, alguien había estado comiendo queso roquefort, alguien había ido al ido al baño debajo de una mesa y absolutamente todos habían tomado hasta que les saliese por las orejas. Que más podía hacer él que unirse a esa actividad, que mejor somnífero que una buena borrachera. –Que se sirve?
-Preguntó el que parecía ser el dueño de la taberna. –Lo más fuerte que tenga.
Luego de un vaso todo comenzó a girar. No podía ser, algo no estaba bien. El solía tomar regularmente y creía tener más tolerancia. Trató de levantarse y de pronto todo el mundo voló contra la pared, las sillas y mesas, las jarras llenas y las meseras promiscuas, absolutamente todo se elevó y fue directo hacia el. Al menos eso fue lo que el pensó mientras que en realidad sus piernas no habían reaccionado uniformemente ocasionándole un golpe brusco contra los hombres barbados mas cercanos y finalmente todo terminó con su frente en medio de un charco compuesto por un líquido de dudosa procedencia. -Hombre al aguaaaa!!!. Fue lo último que escuchó mientras se desvanecía.
La aventura de Kindovan había comenzado…






















